La Alcazaba de Almería I: ¿qué es una alcazaba?
Continuamos con los muchos errores acreditados por las autoridades del Instituto de Estudios Almerienses en relación con el territorio almeriense en la época andalusí y lo hacemos con una primera entrega acerca de la Alcazaba de Almería. Al principal monumento andalusí en nuestra tierra hemos de dedicarle varias entregas.
El IEA se ha ocupado de la Alcazaba de Almería tanto en la Historia de Almería, como en las guías que publica. En ambos casos, para las autoridades del IEA y para el coordinador al que parece que le han dado poder absoluto, Alfonso Ruiz García, solo hay un experto sobre este monumento clave de la época andalusí, Lorenzo Cara Barrionuevo, permitiendo que este lo monopolice e impidiendo que otras personas, indiscutibles expertos, ofrezcan su visión. Seguramente, porque darían versiones contradictorias con las ofrecidas por Lorenzo Cara. A este el IEA lo presenta (lo tomo de la segunda edición de la guía de la Alcazaba de Almería, 2022) del siguiente modo: “Desde 1990 trabaja como arqueólogo del Conjunto Monumental de la Alcazaba de Almería ...”. Por lo que sé, no es así. Desde hace muchos años no ejerce como tal, pues se liberó sindicalmente de su puesto de trabajo para que no pudieran aplicarle la sanción que le impusieron, si bien tampoco aparece por el sindicato y doy fe de ello puesto que yo estoy en el mismo sindicato. Así pues, está totalmente liberado de todo, aunque, eso sí, cobrando un sueldo público y los suculentos sobresueldos del IEA. Y lo curioso del caso es que, en los más de 30 años que se ocupa de Almería en su época medieval, cuya documentación está escrita en árabe, nunca se ha preocupado por aprender, o al menos tener unas nociones básicas de esta lengua, y más estando liberado de todo.
Pero vayamos a lo que realmente
importa: el conocimiento de la Alcazaba. No obstante, antes quiero destacar un hecho
que creo relevante. Resulta llamativo que, aunque en las guías que publica el
IEA suelen intervenir personas distintas para tratar de enriquecer la visión de
las cuestiones a las que se dedican, este caso, el de la Alcazaba de Almería,
es bien distinto al monopolizarlo Lorenzo Cara y permitírselo así las autoridades
del IEA. En la segunda edición de la guía de la Alcazaba se podían haber
invitado a los muchos profesionales que han excavado en la Alcazaba o pueden
aportar conocimiento sobre este importante monumento (Sophie Gillotte, Patrice
Cresier, Francisca Alcalá, Francisco Arias y un largo etcétera, entre los que,
modestia aparte, me incluyo), pero no, no lo ha permitido el IEA, quizá por lo
que hubiera supuesto de dejar en evidencia a Lorenzo Cara, y su amigo del alma
no lo podía permitir. Así, a quienes se invitó a participar, fueron: Eduardo
del Pino (El recinto sagrado de los domingos de invierno), María Teresa Pérez
(La Alcazaba, brújula de la ciudad), José Manuel López (Las especies
vegetales), el propio Alfonso Ruiz (El terremoto del 22 de septiembre de 1522
-en realidad el que más le afectó fue el del 1487, del que no se ocupan-), Juan
José Ceba (Contemplo la Alcazaba desde La Chanca) y María Dolores Durán (La
Alcazaba como inspiración artística). Como puede comprobarse, se trata de aspectos
totalmente periféricos que no van a dar visiones diferentes a la del protagonista
principal. La excepción es Felix Arnold (La evolución del área palatina) por la
sencilla razón de que le interesaba a Lorenzo Cara al haberlo invitado a
participar en su libro sobre la Alcazaba y se trata de un punto muy concreto.
Pero, ¿qué es una
alcazaba? De esta cuestión fundamental nunca se ha ocupado Lorenzo Cara. El
vocablo árabe al-qaṣaba, del que procede evidentemente Alcazaba, solo tiene
el significado de fortaleza en al-Andalus y el Magreb, mientras que, en Oriente,
antes y ahora evoca a al-qaṣab (la caña de azúcar), que fue introducida
en la Península Ibérica en la época andalusí. El que no se entienda como
fortaleza hizo que autores orientales como al-ʿUmarī (s. XIV) se vean obligados
a decir que una alcazaba es lo que en Oriente llaman al-qalʿa (de donde
procede alcalá, otro tipo de fortaleza). Así pues, en al-Andalus, tuvo una significación
especial como fortaleza, pero no cualquiera (el término genérico es el de ḥiṣn),
sino que había de ser en contextos urbanos, de forma que la alcazaba es la
parte más fortificada de una medina, de una ciudad andalusí, y que generalmente
coincide con la parte más elevada de la misma. Pero, es más, podemos añadir que
era la residencia del poder, de un poder no limitado al territorio más próximo,
a una o varias alquerías, como era el caso del ḥiṣn (castillo), gobernado
en cualquiera de los casos por un dirigente (al-qā’id, del que procede "alcaide", que ha quedado para quien dirige una prisión, pero en la Edad Media
era el comandante en jefe de fuerzas armadas y también de la fortaleza en la que
estaban). En el caso de la Alcazaba, el caíd o alcaide que la dirigía también gobernaba
una entidad territorial mayor, y por esa razón, la alcazaba solía contener un
palacio, residencia del gobernador o el rey de turno. Mi hipótesis es que la
asociación que dio lugar al uso de al-qaṣaba como fortaleza urbana es
que una caña de azúcar es muy resistente por fuera y muy dulce por dentro, como
una alcazaba, que está muy fortificada por fuera y contiene un palacio, frágil
y esplendoroso, por dentro al ser la residencia del poder. Insisto en la idea
de que la alcazaba en al-Andalus es siempre urbana, de modo que es un error bastante
generalizado considerar a los castillos de Tabernas, Fiñana o Purchena como
alcazabas. No lo eran. Ningún texto árabe lo confirma, sino que eran meros castillos
(ḥiṣn, pl. ḥusūn), asociados a territorios rurales y no urbanos.
Este es otro de los errores que acredita el IEA y trata de perpetuar al referirse
en la Historia de Almería a las alcazabas de esos otros territorios.
(Continuará).

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