Los ulemas almerienses

      Lorenzo Cara Barrionuevo (en Historia de Almería, IEA, vol. 2, p. 302 en 2ª ed.; 298 en 1ª ed.) se ocupa de los ulemas almerienses de todas las épocas andalusíes. Al no tener conocimientos de lengua árabe para acceder a las fuentes directamente, pese a dedicar sus investigaciones a este periodo durante más de 40 años, recurre al proyecto PUA (Prosopografía de los Ulemas de al-Andalus) de María Luisa Ávila, y reproduce este cuadro atribuyéndolo a la “Distribución cronológica de los ulemas de Almería”:


Lorenzo Cara no hace ningún análisis, sino que se limita a decir quién, según él, era un ulema, que podría caracterizarse como un sabio de las ciencias islámicas, entre las que no se contaba, pese a lo que dice Lorenzo Cara, la filosofía. En cierto modo, un ulema (ʿālim) y un filósofo (faylasūf), que seguía la tradición griega, tenían puntos de vista muy diferentes.

Si nos atenemos a los datos en los que se sustenta el cuadro que reproduce Lorenzo Cara como la distribución por épocas de los ulemas almerienses, habría en general un aumento creciente de sabios religiosos hasta el siglo XIII, con lo que la época de mayor número de ulemas en Almería sería la almohade. Sorprende mucho, pues se supone que la época de mayor esplendor de Almería fue la época almorávide y la cruzada cristiana de 1147 supuso un corte radical, provocando un declive muy considerable. Si observamos los datos del cuadro, resulta que, según Lorenzo Cara, ulemas almerienses fallecidos entre 1156 y 1180 serían 464; entre 1181 y 1205, 568 ulemas, que sería la cifra más elevada de todas; y 563 en el periodo de 1205 a 1229. Todas ellas son cifras elevadísimas y que no pueden corresponder a Almería de ningún modo.

Se trata de una clarísima equivocación de Lorenzo. Cara, que se la atribuye a María Luisa Ávila. Sin embargo, esta investigadora deja bien claro que esos datos son los relativos a todo al-Andalus y no a Almería. 


Para Almería, el PUA ofrece estos otros datos que dan lugar al gráfico que sigue (el coloreado es mío):

En este caso no se trata de los fallecimientos, sino del número de ulemas que formaron la generación que vivió en cada época (de 25 años en 25 años al considerar el PUA que esa cantidad marcaba una generación; y distingue entre los ulemas naturales de Almería y los residentes sin haber nacido en la ciudad, por un lado, y los que tuvieron algún tipo de relación más ocasional, por otro. Por mi parte, he marcado en rojo los periodos en los que se produce una ruptura con la línea ascendente (época de decadencia) y en verde los periodos crecientes (época de florecimiento). Los datos certeros nos permiten documentar que Almería tuvo un lento despegue a finales del siglo IX, que fue en aumento a partir de su fundación como ciudad a mediados del X, con una clara línea ascendente en el inicio de las taifas, si bien se constata un parón a mediados del siglo XI, que se corresponde a la epidemia generalizada en el mundo islámico de los años 1056-57. Es precisamente ese el momento histórico del dato que ofrece al-ʿUḏrī de que el cadí Musa b. Ahmad al-Mursi se encargó de hacer un recuento de población vulnerable en Almería y el resultado fue un censo de 20.000 pobres. Se debió a un periodo de sequía con malas cosechas, que derivó en una epidemia generalizada que provocó una elevada mortandad. De hecho, el citado cadí, junto con otros muchos, falleció ese mismo año. El periodo almorávide fue el de máximo esplendor para Almería, también en el número de ulemas; a diferencia de lo que ocurrió en la globalidad de al-Andalus, donde lo fue el periodo almohade. En cambio, la época almohade, en el caso de Almería, fueron años de decadencia, pues a la ciudad le costó mucho reponerse de la destrucción provocada por la cruzada de 1147, hasta el punto de que nunca volvió a recuperar la prosperidad quebrada y, solo tras una decadencia mantenida durante la segunda mitad del XII y la primera del XIII, volvió a tener crecimiento. A ello contribuyó la diáspora que se produjo en la segunda parte del siglo XIII a nivel general de al-Andalus con la caída de ciudades tan emblemáticas como Córdoba (1236) y Sevilla (1248), a las que se sumaron las de Valencia (1238), Jaén (1246) y, sobre todo, Murcia (1266) por su proximidad a Almería. La epidemia de peste de mediados del siglo XIV afectó especialmente a Almería por su condición de puerto y por llegar tan terrible enfermedad de forma más rápida en las naves en las que viajaban las ratas que favorecieron el contagio.

              Estos datos coinciden, grosso modo, con los que obtuvimos en la “Biblioteca de al-Andalus”, en la que incluimos solo a los intelectuales que llegaron a componer obras. En el caso del conjunto de al-Andalus, fue la época almohade la de mayor esplendor, de forma que a un periodo que se prolongó durante el 11,52% del total de los años en los que se prolongó a cronología de al-Andalus le correspondió un 29,41% de la producción andalusí.

En cambio, en el caso de Almería, la época almohade fue de decadencia, provocada en especial por la pérdida de población (incluidos los intelectuales). De esa decadencia se beneficiaron ciudades próximas como Málaga, Granada y Murcia.

   Lorenzo Cara añade un mapa bajo la leyenda “distribución geográfica de los ulemas en al-Andalus oriental”, donde da a entender que hubo ulemas andalusíes  en lugares como Olula del Río y Garrucha, cuando no fue así.

    En resumen, una visión totalmente deformada de la realidad histórica de Almería en la época andalusí creada por Lorenzo Cara y promocionada por el IEA. Como veremos más adelante, el actual director Mario Pulido tuvo en su mano subsanarlo, pero decidió no hacerlo. 


 






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